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A veces mi hija no entiende que trabajo

Soy una mamá que trabaja, siempre ha sido así. Porque tengo que hacerlo, y porque tengo la suerte de que además me gusta lo que hago. Me encanta sentirme parte de un equipo, hacer cosas, organizarme, llevar a cabo mis ideas.

Mi día a día se pasa entre las mil tareas que tengo que hacer en la oficina, entrar y salir de reuniones y estar conectada con la casa en caso de que mis hijas me necesiten. Eso sí: el papá de mis hijas trabaja en el colegio donde estudian, así que él es quien las lleva y quien las trae.

Y si bien he tratado por todos los medios de hacer que mis horarios laborales se acorten para llegar más temprano a mi casa, hay días en que sencillamente no lo logro, entre que me demoro en responder algunas cosas y el tráfico de regreso. Y en esos días, cuando llego y abro la puerta, mi hija mayor me dice “¡llegas tarde!”. Me reclama que las otras mamás de sus amigas no trabajan y que salen entre semana juntas a hacer actividades cuando llegan del colegio. Yo le explico que en la vida no hay que mirar lo que hace el resto porque cada familia y situación es distinta, que la amo con todo mi corazón y que siempre estaré para ella y su hermana, que la mamá también tiene cosas que hacer que le gustan y que promete que al llegar a la casa, no estará cansada, harán una actividad juntas y le leerá un cuento antes de dormirse.

Ella me responde primero enojada, pero luego con una tierna sonrisa elige su libro de lectura nocturna. Me toma de la mano y me lleva a sentarme al lado de su cama. Pero en el camino le bajan esas pataletas nocturnas y quiere que en vez de leerle el libro una vez, sean cuatro veces, y que lo lea lento, luego rápido, y a veces incluso descubre que esos 10 párrafos los resumí en uno: “Mamá, hay muchas más palabras que las que me dijiste, ¡curioso!” (puntos para ella). Y si bien hay días en que me cuesta hacer esta acción, después me doy cuenta que será algo que eventualmente dejará de pedirme que lo haga y como se me parte el corazón, me siento y leo. Leo con ganas -a veces sin tantas- y si me quedo dormida ahí, bueno, en algún momento, cuando tenga una pierna encima de mi cabeza, tendré que despertarme.

Es que a veces no es fácil ser una mamá que trabaja porque una se siente incomprendida. Y seguro mis hijas no lo entenderán hasta que sean mamás. Y lo que más deseo para ellas es que aprendan a compatibilizar lo que más les gusta hacer en sus vidas, con la maternidad. Tal vez eso es ser mamá a tiempo completo, y ojalá tengan la fortuna de poder hacerlo si así lo quisiesen. Que logren sus metas, que persigan sus sueños, y que sus hijos las acompañen en ese camino también, mientras ellos de a poco empiezan a darse cuenta que crecer significa también, querer ser.

Mi mayor reflexión en este momento es que ojalá los estados garantizaran que la licencia por maternidad durara más tiempo. ¡Sería una maravilla!

Foto: Getty

Artículo publicado hace 9 meses
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Javi Belmar