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Una hermana mayor empoderada en su rol

Ser hermana mayor no es fácil. Eras el único y ahora tienes que compartir el espacio exclusivo que tenías con tus papás con alguien más. No sabes cómo controlar los celos y las pataletas, y sólo lo logras mediante berrinches que vuelven locos a los padres. Pero sumado a eso, estás feliz de tener un hermano, de ser el ídolo de alguien y que te sigan a todos lados. Te encanta –un día sí, otro no– que mamá te pida ayuda con tu hermano menor y ahora tienes la gran responsabilidad de cuidar a alguien que te verá para siempre como “el mayor”. Se los digo, ¡no es fácil! Y bien lo sé porque soy la mayor y sentí todas esas cosas en un mismo día… incluso en un mismo minuto.

Y por todo esto y más, es que estoy demasiado orgullosa de mi hija mayor. Sí, me ha hecho unas pataletas que no sabría bien ni cómo empezar a contarlas, y me ha hecho rabiar un buen par de veces con esto de los celos, pero en el otro extremo, es una súper hermana y no tengo palabras para describirlo.

Lo que sí puedo hacer es contarles con hechos en todo lo que me ayuda con una gran sonrisa y empoderada de su rol. ¿Se sienten identificada con sus hijos en algo como esto?

  • “Mamá, tu calientas la comida pero yo se la doy” –me dice cuando entramos a la cocina. Siento a la menor en su silla mientras la mayor va sacando la cuchara, llena la mamadera con agua, elige la fruta que comerá de postre. Es una maravilla que le guste dar la comida, pero lo mejor de todo es cómo goza la menor con esta historia. ¡Y ni siquiera la mancha! (Ni hablemos de cómo termina cuando mi marido le da de comer).
  • “Mamá, eso que le elegiste no combina” –me dice mientras le lanzo llamas por los ojos. Blanco con negro sí combina, pero la dejo jugar a que las estrellas con rayas combinan mejor. A veces siento que la trata como si fuera su muñeca, pero como la menor nunca le pone una cara de llanto, dejo que sea así. ¡Jueguen todo lo que quieran! Y mientras me pasa la ropa, yo voy vistiendo y las tres pasamos un buen momento. Hasta que siempre pasa algo y terminamos las tres llorando (como que se caiga el pañal con todo lo que tenía).
  • “Mamá, ¿cuándo me dejarás cambiarla a mí? – me pregunta insistentemente cada vez que cambio los pañales a la menor. Y en este tema en particular, prefiero que siga de asistente más que de actor principal. He visto cómo trata a sus muñecas en ese momento y es mejor que estrangulación con los pañales sea solo para los juguetes.
  • Cuando es hora de un baño, ya no me acepta que diga que será sola. Sin su hermana la hora del baño no es ni entretenida ni hermanable. Así que desde siempre las baño juntas. ¡Y les encanta! Mientras ellas chapotean, se ríen, juegan adentro con todos los muñecos que tienen, yo voy lavando cabellos, uñas, bajo el brazo y todos los rincones que encuentre. Una vez listas, saco a la menor primero, antes de que siga tirando agua para afuera. Porque, al final, la única que sale empapada sin bañarse, soy yo.
  • “Mamá, ¿qué haces?” –escucho cuando estoy en esos 5 minutos de descanso. “Estoy descansando”, le digo bajito para no alterar el ambiente. Pero basta que yo empiece estos 5 minutos para que se acaben y llega la mayor con su hermana detrás, desafiándome para darles un momento de entretención. Pero como sé que necesito mis 5 minutos de descanso porque me permitirán seguir con mi día, le pido a la mayor que entretenga a la menor porque “¡tienes tanto juegos divertidos!”. Es cosa que le diga eso para que me den 25 minutos sola. La mayor puede pasar horas entreteniendo a la menor: sólo tengo que encaminarle la dirección. 
  • Los viajes largos en auto, ya no los puedo concebir sin la hermana mayor. Es ella quien va a su lado tomándole la mano, dándole la mamadera (cuando es una urgencia), cuando se pone a llorar. ¡La amo tanto por eso!

 

Algún día te leeré esto y te repetiré lo que te digo todos los días: eres una increíble hermana mayor y no te olvides nunca que te quiero igual que antes, más que siempre, y que eres a la que quise primero.

 

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Artículo publicado hace 12 meses
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