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Las 8 cosas que entendieron los papás de esta época

El hombre que llega de trabajar y exige silencio de los niños, una cena caliente lista y la visión de una mujer prolijamente maquillada para él, no sólo está fuera de época, sino que es casi un insulto. Y se me antoja como la imagen menos varonil y menos atractiva del universo. Es que la nueva maternidad trajo nuevas parejas que son equipo de un modo mucho más saludable. Vamos comprendiendo, cada uno en su contexto y con sus circunstancias, que no sólo éramos las mujeres las que habíamos perdido espacios. Y que tampoco éramos las únicas con ganas de recuperarlos.

Ellos, y nosotras, hoy sabemos que:

Las tareas no se dividen por género

Ni la cocina es femenina ni las finanzas del hogar son masculinas. El mundo es más amable cuando cada uno se ocupa de lo que mejor le sale. Los tiempos, el placer, la disponibilidad y la habilidad son cualidades mucho más determinantes que el género para dividir las tareas del hogar.

La sensibilidad no es sólo femenina

Los papás tienen derecho a emocionarse con la ecografía, a sufrir con la rodilla raspada del hijo, a conmoverse por el ascenso laboral de la madre… Los papás, parece, son personas emocionales. Y eso es fantástico y liberador para todos.

Los regalos para la casa son para la casa

Cuando limpiamos todos, es más fácil deducir que la aspiradora no es un buen obsequio para el día de la madre. Con las cosas claras, los detalles se acomodan solos.

El verbo proveer es amplio

Durante tantos años les dijeron a los hombres que eran los proveedores del hogar, que desterrar esa palabra, y ese mandato, no es sencillo. Pero tranquilos, no hace falta. Se provee de modos tan diversos en una familia que nadie puede decir que el pan sea más importante que el amor, la presencia, o la contención. Para empezar, todos son vitales.

Jugar está bueno

La idea del macho serio que grita goles, impone ideas y prioriza la lectura del diario a la charla con los hijos es justamente lo contrario al juego. El juego destraba, reúne, relaja, libera. Jugar no tiene ni edad ni sexo y tener hijos es una invitación continua a hacerlo.

Son el hombre que los hijos tendrán de ejemplo

Ausente o presente. Compañero de sus mujeres o alejado de sus familias. Siempre enojados, siempre ocupados o con voluntad de encuentro. No es lineal, pero están cerca de ser el hombre que sus hijos imitarán y que sus hijas sentirán que tienen que aceptar como compañero.

Se trabaja igual adentro que afuera de la casa

Y en los dos sitios hay cansancio, satisfacciones, conquistas y fracasos. En un cuadro ideal, todos los integrantes de la familia deberían impulsar a los otros a sentirse plenos y nunca subestimar sus tareas, sean en donde sean.

El hijo es de los dos

Y eso incluye las responsabilidades y los placeres. Las noches sin dormir, las reuniones de padres del colegio y el peine fino. Los juegos, las risas y los secretos dichos con la mano sobre el oído. Es un combo que hay agrandar todo lo que se pueda.

Diría que con esta nueva paternidad ganamos todos. Las mamás podemos ir al baño solas, los papás se sorprenden con todo lo que se venían perdiendo y nuestros nenes ya crecerán sabiendo que la vida en equipo es más linda y más justa. La igualdad tiene que ver justamente con empatar las posibilidades para complementarse en las diferencias.

Y así la familia es nido, la casa es refugio y los papás somos mucho, pero mucho, más humanos.

Foto: Getty

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Artículo publicado hace 1 mes
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Beta Suarez