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El equilibrio entre el apego y la malacrianza

Mi vida dio un giro de 360 grados cuando nació mi hija, me cuestioné muchas cosas: desde cómo iba a alimentarla hasta cuál era la mejor forma de criarla, parecía haber tantas opciones y tantos mitos alrededor de cada opción que la decisión se hacía cada vez más difícil. Hasta que un día, mi esposo y yo nos sentamos a planear lo que queríamos hacer, qué postura íbamos a tomar ante determinados problemas y decidimos que la crianza con apego era lo que mejor se acomodaba a nosotros.

Aun habiendo tomado la decisión en común acuerdo, nos atacan las dudas de vez en cuando, sobre todo cuando nos preguntamos si estaremos malcriando a nuestra hija, pues con este estilo de crianza se busca el contacto y la conexión con los niños antes que la corrección y el sentido autoritario. Si tienes las mismas dudas que nosotros, te invito a leer los siguientes mitos y cómo es que se enfrentan mediante el apego:

Los niños crecen sin límites ni reglas

Una cosa es respetar sus tiempos, acompañarlos en su desarrollo y estar para ellos cuando lo necesiten y otra es no poner límites ni reglas básicas de convivencia. Como familia, cada quien decide cuáles son esos límites, pero es muy importante para los niños tenerlos, saber hasta dónde pueden llegar y cuáles son las consecuencias de sus actos.

Los niños se hacen dependientes

Recordemos que todos los niños son dependientes de sus padres desde que nacen y poco a poco, a medida que se sienten capaces de hacer cosas por ellos mismos, se van haciendo independientes, pero siguen siendo niños que necesitan del afecto y ayuda de sus papás.

Cargarlos en fular o rebozo, abrazarlos mucho y demostrarles afecto no los hace dependientes. Al contrario, les da la seguridad de que ellos tienen la capacidad de hacer muchas cosas.

Los niños crecen malcriados

Si malcriar significa que son groseros, sin respeto por los demás o sí mismos, eso solo sería posible si los pequeños crecieron sin conocer reglas y límites o el acompañamiento cercano de los padres. Las escenas de berrinches y de explosión de personalidad son normales, como parte de su crecimiento y desarrollo personal, pero si los guiamos con amor sabrán cómo expresar y encaminar esas emociones de enojo, disgusto o injusticia que todos tenemos alguna vez.

En conclusión, creo que como padres que hemos decidido criar con apego y respeto debemos ser muy cuidadosos en observar y encaminar a nuestros hijos a ser buenos ciudadanos y personas de valores. A veces es difícil manejar la disciplina de manera positiva y respetuosa, pero es posible. Nadie nace sabiendo ser padre, pero aprendemos en el camino con los mejores maestros: nuestros hijos.

Foto: vía

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Artículo publicado hace 2 años
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Isis Lugo