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El año que tu vida cambió por completo

Smiling mother cradling baby

Probablemente estés preparando una fiesta porque, claro, hay motivos para festejar. O quizás no, pero el día no pasará inadvertido, porque es imposible que eso ocurra. A lo mejor ese día ya pasó, y seguramente lo recordarás como una de esas fechas imborrables. Y entonces sabrás de qué estoy hablando.

El primer cumpleaños de un hijo es inolvidable. Muchas veces a las mamás nos critican porque planificamos una fiesta de la que el niño no recordará absolutamente nada. Pero esa celebración es nuestra también, es celebrar nuestro primer año de maternidad. Celebrar el que seguramente será el año más importante de nuestra vida: el año que nuestra vida cambió por completo.

Te propongo este ejercicio. Cuando tu bebé esté dormido, siéntate e intenta recordar cómo era tu rutina hace 365 días. No sólo eso: trata de pensar qué habrías contestado si, entonces, te hubieran pedido una definición del amor. Repasa mentalmente los miedos que tenías entonces, las expectativas, la forma en que veías el mundo… Y hazte todas esas mismas preguntas ahora. Te apuesto a que te sorprenderás de las respuestas que te darás a ti misma.

Es que la transformación que un hijo obra es total, inimaginable. Lo juro, no es una exageración: yo no puedo acordarme cómo era mi vida cuando ellos no estaban aquí. Son una parte tan importante, tan mía, que siento como si siempre hubieran estado junto a mí.

En estos primeros meses que el contacto es tan físico, tan primitivo, esa unión se nos hace todavía más fuerte. Y seguramente hay muchísimas cosas que extrañas (como dormir toda la noche de corrido o darte un baño tranquila), pero apuesto también a que no cambiarías esta realidad que vives hoy por nada del mundo.

El aprendizaje de este primer año es clave: recibes a ese pequeñito sin manual y tienes que hacer que toda esta compleja maquinaria funcione. A mí el ser mamá me sumó también algunos miedos (bueno, yo soy de por sí una persona un tanto miedosa), pero aprendí a vivir el día a día y a tratar de entender que cuidar no significa controlar. La maternidad me hizo ser una persona más abierta, más segura de mí misma, más confiada en mis capacidades. Me dio el regalo de descubrir que el amor es un sentimiento que no tiene límites, que te atraviesa el corazón y fundamentalmente, las entrañas. Le dio a mi existencia una luz que jamás pensé que podría tener.

¿Y a ti? ¿Cómo te transformó este primer año de tu nueva vida?

Foto: Getty

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Artículo publicado hace 5 meses
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Adriana Santagati