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Cómo no dormir me llevó a mi mayor crisis

Sé que suena banal, algo ligero, pero la verdad es que no dormir me llevó a una crisis de cansancio extrema, que ha sido lo peor que he vivido en mi segunda maternidad porque me afectó en todos los ámbitos de mi vida.

Mi hija menor no durmió bien hasta pasado el año de vida, algo que con la mayor no había sucedido. La acostábamos a dormir, y a las dos horas comenzaban los llantos. Luego a las dos horas siguientes. A continuación, otro más, y así seguíamos hasta la madrugada, cuando ya nos teníamos que levantar.

Y ser mujer, mamá, esposa y trabajadora con sueño no funciona. Al menos a mí, no. La mayor se enojaba -con justa razón- porque la pasaba bostezando y cansada cuando estaba con ella. El en el trabajo se nota la diferencia en lo que hago cuando estoy despierta y cuando ando somnolienta. Vida social con amigas ya casi no tenía porque literalmente volvía como un saco de papas a la cama mientras mi marido se hacía cargo de la situación, pero que con el paso de las semanas también se sintió sobrepasado. Mis ojeras llegaban hasta el suelo. Mis uñas, descascaradas; el pelo, seco. La falta de energía se sentía y mi cuerpo me pedía dormir más de 2 o 3 horas al día seguidas.

Estaba al borde de las lágrimas todo el día y de verdad pensaba que esa etapa no terminaría nunca. Con mi marido decidimos buscar distintas opciones hasta encontrar alguna que nos funcionara y nos permitiera vivir una vida un poco más normal. Lo conversamos con distintas personas para que nos contaran qué les había funcionado a ellos, pero al final salió peor porque todos aseguraban que su método es el mejor y que hiciéramos lo que les funcionó. No olvido la presión para seguir sus métodos así que atención ahí, que a veces es mejor no preguntar tanto (a no ser que sea al doctor) y encontrar lo que se acomode a tu hijo, a ti y al papá.

Hoy, he vuelto a nacer. Al fin la menor duerme toda la noche seguida. Se despierta bien temprano, pero al menos logro dormir más de 5 o 6 horas seguidas y eso le ha dado un cambio de 180 grados a mi vida. Vuelvo a la casa, estoy con mis hijas, la menor duerme toda la noche mientras a la mayor ya le gusta hacer casi todo sola (sí, seguro eso será crisis de otra nota). Tengo mucho más tiempo con mi marido y volvimos a nuestras conversaciones nocturnas en paz. En el trabajo volví a ser flash y si bien aún no tengo mucho tiempo para tener vida social, sé que en algún momento volverá a haber un espacio para eso.

Foto: Getty

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Artículo publicado hace 1 año
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