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9 formas de ayudar a una madre primeriza

Es sabido que los niños no llegan al mundo con un manual de uso. Que luego el desconcierto inicial se supera y se acomoda, también. Sin embargo, entre el milagro y el terror, el encuentro y las emociones dispersas de los primeros días, hay una horda de familiares y amigos que quieren ayudarnos. Será decisión nuestra darles entrada a la habitación de la clínica, a nuestra casa y a nuestras vidas, pero ocurre que mal dormidas y medio desorientadas, pasadas de alegría, no estamos lo suficientemente atentas como para poner los límites del caso. Todos quieren colaborar. Hasta los que nunca en su vida tuvieron contacto con un bebé o con una mamá primeriza. 

Bien, ya que el bebé no vino con manual, podemos ir por el otro lado y acercarles unos lineamientos a tantas voluntades intensas. ¿Quiere ayudar? Tome nota: 

  1. No llegue sin avisar. Puede que tengan ganas de estar solos, puede que tengan otras visitas en ese momento, puede que cuando usted toca el timbre sea la primera vez que el bebé se haya dormido en las últimas 48 hs. o que, simplemente, no tengan ganas de recibir en ese momento. Pregunte antes y no se ofenda si la madre primeriza no puede acomodar su agenda según al tiempo que Usted tiene entre el gimnasio y el cine. 
  2. No dé consejos que no le pidieron. Cuando tenemos a nuestro primer hijo aparece, como por generación espontánea, un coro de voces que nos dice cómo cuidarlo, criarlo, bañarlo, amarlo… No muestre que confía tan poco en nosotras. Ayudar no es lo mismo que opinar. 
  3. No la juzgue. Puede que esa madre recién inaugurada no esté haciendo las cosas como Usted las haría. Puede también que usted no entienda que “diferente” no es sinónimo de “mal”. No es momento para andar juzgando. Bueno, nunca es momento, pero ése, menos. 
  4. No proyecte. No le dé consejos para cuando el niño vaya a la facultad. Ella apenas sabe lo que tiene que hacer mañana, sus problemas son inmediatos. Si va a ofrecer algo, que sea práctico, como por ejemplo, ir al supermercado. 
  5. No llegue con las manos vacías. No importa si Usted no tiene ni sed ni hambre, es posible que quieran ofrecerle algo, así que si usted lo lleva, mejor. Y si de paso quiere colaborar con la cena para la noche, le aseguro que será muy bien recibida. 
  6. Escúchela. La cabeza y el corazón de esa mujer están embarullados. Usted puede elegir formar parte del canon disonante de voces que la aturden o escucharla con atención. Es posible incluso que ahí mismo detecte de qué modo puede ayudar realmente. 
  7. Dele algo de tiempo personal. Tener al bebé para que vaya al baño. Renovarle el esmalte de uñas. Llevarle un libro que no tenga nada que ver con la maternidad. Todo eso suma para recordarle que ese momento medio confuso también pasará y que ella no ha dejado de ser quién era. 
  8. Mire para adelante. Lo hecho, hecho está. Si tuvo algún percance con el bebé, si metió el chupete en el microondas o le puso el pañal al revés, no la humille ni use el odioso “yo te lo dije”. Mejor mirar para adelante, hijo se nace, pero madre se hace. Y nos vamos haciendo como podemos. 
  9. Hágala reír: Empatice y cuéntele que todas las madres hemos estado en ese lugar. Desdramatice la situación. La risa cura, sana, infunde confianza. La risa, les juro, ayuda. 

Lo que vale es la intención, dicen. Pero con la intención solita no hacemos nada. Está bueno pedir ayuda y está bueno ofrecerla, pero si nos vamos a acercar a una madre primeriza, seamos cautelosos porque intervenimos en un momento sensible e íntimo

Aceptemos que si no estamos ayudando, es posible que estemos estorbando. Y no queremos eso. 

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Artículo publicado hace 7 meses
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Beta Suarez