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Los sentimientos y las mudanzas

Todo cambio significa un reto y el mudarnos de casa, incluso en la misma ciudad puede traer sentimientos desde felicidad, tristeza, ansiedad, alegría, etc.  Hay estadísticas que muestran que en ocasiones las mudanzas pueden traer incluso depresión a algún miembro de la familia.

Les cuento que ya hace tres meses que nos mudamos a nuestro nuevo departamento, diferente zona, misma ciudad.  Y aunque el cambio ha sido muy positivo para todos había algo que nos impedía terminar de desempacar y dejamos unas cajas para mejor época.

Los niños se adaptaron en cuanto llegaron. En cambio mi esposo y yo añorábamos detalles de nuestro antiguo lugar. Al intentar desempacar las cajas siempre aparecía algo más importante hasta hace unos días que enfrentamos nuestros sentimientos, desempacamos y la casa comenzó a fluir como es debido.

Una mudanza es todo un reto para cada miembro de la familia y debemos expresar lo que sentimos y ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo. Una nueva casa conlleva movimientos físicos, no solo de nuestros muebles y rincones conocidos sino de nuestras rutinas, actividades y personas que solíamos frecuentar.

Todo esto se acrecienta cuando la mudanza nos lleva a otra ciudad, incluso a otro país. En estos casos no solo cambiamos de rutina sino que dejamos atrás nuestros lugares conocidos, nuestra cultura, nuestra familia.

Es normal que el cambio nos traiga sentimientos encontrados, alegría por el gran reto que viene delante de nosotros y también tristeza por lo que se queda detrás. En el caso de algún miembro de la familia que no estuviera tan de acuerdo con el cambio puede existir hasta enojo.

Cada uno de esos sentimientos es válido y debemos trabajar con ellos. Los niños pequeños a veces muestran todas esas emociones sin hablar, a través de conductas diferentes e incluso  con algunos retrasos en su desarrollo.

Busquemos la manera de ayudarlos a expresarlo a través del juego si las palabras todavía no nos ayudan demasiado. Por otro lado, hay que considerar que los niños se adaptan muchas veces más rápido que los adultos pero no por eso debemos de dejar de prestarles atención.

La mejor manera de que las dudas se vayan disipando es incorporar a los niños en el proceso de la mudanza. Escuchar sus opiniones, sus miedos. Una de la gran preocupación de los niños pequeños es que pasará con sus cosas, ¿se perderán en el camino?

Esto lo podemos minimizar si los llevamos a visitar la nueva casa, eligen su cuarto y además ayudan a empacar sus posesiones más preciadas. En cuanto a los adultos es importante expresar lo que sentimos aunque el cambio sea inminente.

Si el motivo de la mudanza es un nuevo trabajo de la figura paterna, la mujer suele ser la que resiente más el cambio. Los niños llegan a una nueva escuela, el papá tiene un gran reto profesional y la mamá se queda en un nuevo lugar dejando todo atrás.

Cuando este sea el caso es importante ponerte las pilas e intentar enrolarte a nuevos cursos, a nuevas actividades que permitan tener tu mente ocupada e ir creando nuevas redes además de las que se irán creando en la escuela y oficina del marido.

Los sentimientos están ahí de manera natural y lo mejor que podemos hacer es hablar de ello para irlos trabajando entre todos. ¿Cuál ha sido su experiencia con las mudanzas? ¿Qué nos recomendarían?

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Artículo publicado hace 3 años
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Susana Silva