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Sí, puedes tocar mi panza

Hace unos días, alrededor de la semana 22 de embarazo, mi panza comenzó a notarse mucho.

En el trabajo, los ojos de una clienta se iluminaron cuando la vieron. “¡Qué emoción!”, exclamó, e inmediatamente empezó a acercarse a mi con las manos abiertas. “¿Puedo?”, me preguntó.

Si bien agradecí que me preguntara, advertí que no era necesario que lo hiciera. “Sí, claro, adelante”, le dije. Y así, las primeras manos no pertenecientes a amigos ni familiares se apoyaron en la panza que alberga a mi futuro hijo. Y me encantó.

Estoy orgullosísima de mi panza de embarazo. Me llevó más de cuatro años quedar embarazada – que incluyeron tristeza, pérdida y mucho dolor – y estoy más que preparada para que este bebé absorba todo el amor posible de quien esté dispuesto a dárselo.

Entiendo que no todas las mujeres disfrutan este gesto, y estoy de acuerdo con que la gente debe pedir permiso antes, pero en mi caso, estoy más que dispuesta. ¡Me parece una actitud tan bonita! Que alguien sienta el impulso de tocar la vida que crece dentro de mi me resulta tan conmovedor que jamás diría que no.

Algunos creen que es extraño o está fuera de lugar que un desconocido toque tu cuerpo, pero yo solo veo la belleza en ese gesto. El embarazo es un hecho milagroso. Lo vi siempre en otras mujeres, y ahora lo veo en mí. ¿Acaso no es bello que otros estén ante la presencia del comienzo de la vida y sientan una emoción que los lleva a querer acercarse?

Lo diré una y mil veces, sí. Mi bebé ya es muy amado, y me hace feliz que reciba ese afecto de familiares y amigos – e incluso extraños. Así es como veo el gesto de tocar la panza: como un verdadero acto de amor.

Artículo publicado hace 5 meses
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