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Me odiaba por subir de peso durante el embarazo

Sin embargo, a pesar de estar gestando un niño sano, no podía evitar la angustia asociada a mi marcado aumento de peso. Incluso los jeans de maternidad me apretaban, y sentía que mi cuerpo me estaba traicionando. Supe que lo situación había llegado a un extremo cuando empecé a recibir el bienintencionado, pero incómodo comentario: “¡Qué grande estás!”. Por primera vez en mi vida, me sentí verdaderamente “gorda”.

Sabía que estaba embarazada, que mi cuerpo estaba gestando un niño y que debía estar agradecida por ese milagro, pero me resultaba difícil recordarlo en ese momento. Estaba en shock y sentía que había hecho mal las cosas.

Finalmente, di a luz a mi bebé – de peso promedio – y al tiempo pude lucir mis jeans pre-embarazo. Empecé a sentirme bien nuevamente y estaba lista para escuchar la temida cifra de boca de mi obstetra: había subido un total de 20 kilos.

20 kilos.

Todavía no sé cómo aumenté tanto comiendo quínoa y col. Y nunca pensé que algún día volvería a usar esos jeans. Hoy, recuperé mi cuerpo y me siento sana, activa y segura de mí misma.

¿Qué sucederá en futuros embarazos? No lo sé, pero ya no me preocupa tanto. Luego de haber transitado un embarazo y nacimiento sin complicaciones, siento un respeto infinito por mi cuerpo. Esta colección de huesos, órganos y músculos gestó a mi hijo, y no creo que haya mayor regalo que ese. Mi bebé feliz es el recordatorio constante de que nuestros cuerpos son milagrosos por lo que son capaces de hacer, y no por cómo lucen.   

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Artículo publicado hace 9 meses
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