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Hay que mantenerse positiva

La maternidad no es fácil. Así al menos lo he sentido en este último tiempo en que mis noches de sueño se redujeron a cinco horas, mi jornada laboral cada vez es más intensa y mis pocos tiempos libres terminan en mi cabeza rebotando con la almohada. No hay un momento en el que pueda decir “mañana sigo con esto porque estoy cansada” o dedicarme 100% a algo que deseo porque está siempre esa personita que tanto queremos.

A veces una se queda atrapada en este sentimiento de no poder hacerlo tan bien como desea. De no poder ser esa mamá que esperamos o que pensamos que los otros ven en nosotras. En relación a esto, el otro día me escribió una mamá primeriza muy angustiada porque su leche estaba reduciéndose al mínimo y no quería empezar a dar relleno por lo que iban a pensar de ella. Ella de verdad estaba mal, se sentía mal, a pesar de que la leche que producía era algo que no se podía controlar.

Por eso le conté que a los tres meses se me acabó la leche e hice todo lo posible para que volviera (productos naturales, no naturales, tomar litros y litros de agua, estar conectada al saca leche cada hora). Eso no pasó y tuve que empezar a dar relleno porque ya mi hija quedaba con hambre.

¿Me habría gustado darle más tiempo? Sí ¿Me siento mal por no haberlo logrado? No.

En el camino por tratar de aumentar mi lactancia, esa sensación me tenía mal. Una mezcla entre angustia, cansancio de la rutina de sacar leche y rabia. Y así una suma de cosas que terminaron por fin el día en que ya no tuve más leche y pasé al biberón.

Ese momento fue mágico. Si bien no era lo que quería, la presión por darle de mi leche me tenía en un estado al borde del colapso. Cuando me cambié a la fórmula, me di cuenta de que estaba siendo una mamá mucho más positiva. Sentía haberme liberado de la presión y pasaba un tiempo mucho mejor con hija, que por fin terminaba feliz después de un biberón.

Al final, hay que pensar que la maternidad está llena de altos y bajos. Hay cosas que tenemos que hacer sí o sí, otras donde no siempre se cumplen las ideas preconcebidas y a veces las mamás podemos elegir qué y cómo hacerlo mejor. Lo que une a todo lo anterior es que debemos siempre tratar de mantenernos positivas frente al tema, no dejarnos sentir juzgadas, hacer lo mejor que podamos y seguir para adelante. Porque vendrán otros temas, seguro estarás algunos días cansada y si tienes todas estas cosas en tu cabeza no terminará nada bien.

Lo mejor es pensar que estás dando lo mejor que puedes, respirar hondo, sacar una sonrisa y seguir… porque una vez que nos convertimos en mamás ya no hay vuelta atrás y alguien más depende de nosotras.

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Artículo publicado hace 1 año
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Javi Belmar