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Cuando el hijo viene a “salvar” a la pareja

Muchas parejas piensan que un hijo puede ser “la salvación” cuando lazos indispensables entre ellos se han roto. Desesperadamente, y convencidos de la decisión llevan adelante el plan. Pero, ¿cuáles son las posibles consecuencias?

Un niño no es un “mesías” que llega para reinstaurar sentimientos que en la pareja ya no existen. Un hijo no puede y no debe llenar espacios perdidos de la pareja.

La llegada de un bebé
El nacimiento de un hijo genera cambios trascendentales en la pareja, y si esta no se encuentra sólida para enfrentarlos, es probable que devenga mayor insatisfacción en el esfuerzo de fingir la felicidad. Un hijo no fusiona una pareja, simplemente los hace padres.

A la endeble convivencia que estaba configurada por dos, se le suma un hijo que necesita plenamente del amor y cuidados de los padres. Y, ¿qué sucede? Si el vínculo entre estos está deteriorado, la llegada del hijo sólo puede colaborar en la plenitud individual de cada uno, aunque no así en la felicidad de la pareja. Cuando el amor se ha desgastado, cuando algo se ha roto, cuando la comunicación deja de ser sincera y reina la indiferencia, el hijo no puede estar destinado a reparar estas grietas. Su llegada, podría acrecentar la distancia entre los padres, que se disputan el amor del hijo cual escudo de sus propias insatisfacciones.

El niño obtendrá las respuestas a todas sus demandas pero de sus padres como seres individuales, y no de estos actuando en equipo: acompañándose, sosteniéndose y re amoldándose juntos en esta nueva realidad.

Para afrontar los cambios en positivo, la pareja debe estar unida en sentimientos amorosos. Con una base sólida de respeto, confianza y entendimiento mutuo, este maravilloso camino de la paternidad, que presenta indefectiblemente dificultades y diferencias, se transita con avatares, pero en armonía.

Antes de tomar la decisión de ser padres, hay que preguntarse:

  • ¿Tu relación de pareja es sólida: sienten amor, respeto y admiración el uno por el otro? ¿Se encuentran en la misma sintonía?
  • ¿Tienen proyectos de familia a largo plazo?
  • ¿Confías en tu pareja para que sea el padre de tu hijo?
  • ¿Crees que forman un buen equipo para enfrentar esta tarea, quizás la más trascendente de sus vidas?
     

Respeto, confianza, apoyo, y sobre todo: amor
Estas son las bases que un niño necesita para desarrollarse sanamente. No hay que olvidar, que para el niño, principalmente durante su infancia, pero en igual importancia durante toda su vida son los padres sus máximos referentes.

El niño “mama” el clima emocional que impera en el seno familiar. Esto significa que el vínculo que la pareja tenga es para el niño “lo normal” y con el tiempo, aquello que aprehenda y adquiera como propio se refleja en su forma de relacionarse en su vida adulta.

¿La pareja ideal?
Desde ya, la pareja perfecta con recetas mágicas para criar a un hijo feliz no existen. Cada una tiene sus propios códigos y todos son respetables. La realidad es que ser pareja y padres implica un aprendizaje constante y permanente.

Pero no hay dudas de no se puede depositar el anhelo de salvar a la relación de la pareja a través de emociones impulsivas que culminan en la decisión de tener un hijo. Hay que actuar madura y responsablemente para afrontar y comprender los sentimientos de cada una de las partes para así actuar en consecuencia al tomar decisiones fundamentales.  

Parece entonces prudente quizás preguntarse ¿cuáles son los padres que quieres tu hijo tenga?

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Artículo publicado hace 3 años
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