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5 cosas que hacen que mis hijos me desquicien

Grito a los 4 vientos que adoro mi maternidad, me hace sentir plena y no cambiaría por nada un momento con mis hijos. Sin embargo, sería totalmente hipócrita si no confesara que hay momentos en que mis hijos me vuelven loca y hacen que salga ese monstruo que todos llevamos dentro.

No sé si sea la edad, las circunstancias o el tiempo que pasamos juntos, pero así como mis hijos son mi motor para sacar lo mejor de mí, también pueden sacar lo peor en un segundo. Una de las cosas que he aprendido como madre es el control de mi misma y nunca había tenido tantas pruebas diarias.

Cuando pasaba horas en la oficina había momentos en los que mi jefe o alguna situación en el trabajo podían desquiciarme, pero siento que los niños conocen justamente el botón y lo usan de manera recurrente.

Mis hijos me desquician cuando:

  1. Me piden una cosa, no una sino mil veces, repetidamente y sin parar. Puedo entender sus ganas de conseguir lo que quieren, pero cuando pasa de la tercera vez que explicaste un no, puedo volverme loca.
  2. Cuando me despiertan. Yo fui la más paciente los primeros años de vida de mis hijos y me despertaba las veces que fueran necesarias, pero ahora me puedo convertir en un tigre furioso cuando me despiertan simplemente por el placer de hacerlo.
  3. Cuando después de una tarde de parque o juegos llegan a casa con energía incontrolable y yo estoy en fase de cansancio mortal.
  4. Cuando están tranquilos jugando o viendo televisión y justo en el momento que pido que recojan, necesitan en ese instante comer, dormir o no pueden más del cansancio.
  5. Cuando estuve con ellos toda la tarde y aunque quise jugar con ellos prefirieron hacerlo por si solos, pero en el momento que yo tomo el teléfono tienen algo urgente que decirme.

 

Amo a mis peques y en estos momentos de locura tengo que aplicar el autocontrol con mucha fuerza porque siento como hierve mi sangre y aunque quisiera ponerme verde, morada y salir corriendo como en una caricatura, sé que no lo puedo hacer.

Todo esto es parte del crecimiento que tenemos como madres y lo que he aprendido es a leer mis señales de cansancio o hambre para poder satisfacer la atención que me piden sin matarnos en el proceso.

Hay días que salimos ilesos sin que nadie presione el botón o aunque lo hagan yo consigo controlarme, hay días que pierdo la paciencia, pero procuro siempre recordar que el amor y el respeto deben estar presentes.

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Artículo publicado hace 2 años
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Susana Silva