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¿Y si dejamos de preguntarles a las mujeres cuándo tendrán hijos?

Defocused abstract loneliness concept. Cropped feet of lonely young woman sitting on stone. Solitude

Levante la mano la mujer que no ha recibido esta pregunta después de casarse: “¿Y el bebé, para cuándo?”. Una vez que formas pareja, pareciera que el mundo entero está esperando que anuncies un embarazo.

Seguramente estarás de acuerdo en que esa pregunta es tan habitual como inapropiada. Después de todo, quien la hace seguramente sabe poco acerca de la situación íntima de los involucrados. Tal vez esa mujer no puede tener niños, o aún no se ha puesto de acuerdo con su pareja sobre el momento apropiado para comenzar a “buscar”. En cualquier caso, preguntarlo es entrometido.

A su vez, quien pregunta asume que ese es el camino esperado, que todas en la vida debemos querer tener hijos para sentirnos realizadas. ¿Y qué si no es así? ¿Nuestra existencia es menos valiosa si decidimos vivir sin niños?

El año pasado, la modelo estadounidense Chrissy Teigen reconoció en su programa televisivo FABLife que había consultado especialistas en fertilidad cuando estaba teniendo problemas para quedar embarazada junto a su esposo, el músico John Legend. En ese momento, confesó: “Hubiéramos tenido hijos hace cinco o seis años, pero ha sido un largo proceso”. Durante ese tiempo, una y otra vez, periodistas, paparazzi y curiosos le preguntaban cuándo tendría un bebé. “Jamás sería tan entrometida con los demás. Nadie sabe qué sucede a puertas cerradas, en la intimidad de una pareja. Algún día, la chica equivocada recibirá esa pregunta y será muy doloroso para ella. ¡No me lo pregunten más!”, rogaba Chrissy.

La fertilidad es un tema extremadamente privado, y sería genial que todos lo entendiéramos. Un comentario inocente puede herir más profundamente de lo que uno cree.

Por otro lado, las parejas que tiene un solo hijo se sienten interrogadas de forma similar. Es común que se les pregunte: “¿Cuándo llegará el hermanito?”. Y esa consulta también encierra todo tipo de asunciones, desde estar en falta por querer tener un solo hijo hasta asumir que el segundo llegará sin dificultades para concebir. Por favor, dejemos de hacer esta pregunta también.

Si lo pensamos bien, las mujeres reciben muchas de estas preguntas a lo largo de sus vidas. Cuando tienes veintitantos, te preguntan cuándo conocerás a alguien para formar pareja. ¿Y si una no quiere eso? ¿Y si el matrimonio no está entre tus objetivos? Si no conocemos al hombre de nuestros sueños, ¿acaso hemos fracasado? Luego, a los treinta, llega la presión sobre el reloj biológico y las preguntas mencionadas al comienzo, para luego seguir con las consultas por el “hermanito”…

¿Un consejo para la humanidad? Evitemos estas preguntas. Conversemos con el prójimo sobre el trabajo, los hobbies, la película de la semana, lo que sea, pero dejemos los temas de maternidad para quien verdaderamente está dispuesto a compartirlos. Eso se llama respeto.

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Artículo publicado hace 11 meses
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