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Las mujeres que nos inspiran

Pensé para este día en hablar de mujeres que inspiran, que se pusieron un objetivo y lo lograron, que crearon una comunidad solidaria o llegaron a la presidencia de un país o de una gran empresa. Pero luego me di cuenta de que era injusto, extraño, difícil enumerar solo 5 o 6 nombres cuando nuestra región está tan llena de mujeres que se vuelven admirables en cada minuto de su vida.

Pensé en las que lucharon 40 años por buscar a sus hijos desaparecidos durante una dictadura. En las que pelean las 24 horas para encontrar a sus hijas secuestradas por una organización de trata de personas. En las que caminan un par de kilómetros diarios para que sus hijos lleguen a la escuela y tengan la educación a la que ellas no pudieron acceder. Y en las otras, en las que también los caminan para ponerse un guardapolvo ya raído de tantas lavadas y educar a esos chicos.

Pensé en las que rompen de una trompada el techo de cristal. Y en las que entran en el mundo masculino de la política decididas a cambiar las cosas.

En las que un día dicen basta y le cierran la puerta para siempre al hombre que las golpea. Y hacen la denuncia, se refugian en su familia y protegen a sus hijos de la violencia colateral.

Pensé en las que eligen parir sin dolor. Y en las que eligen no parir aunque la sociedad todavía las mire con desconfianza. Y en las que tienen 8 hijos aunque las juzgue esa misma sociedad.

Y pensé en muchísimas de ustedes, del otro lado de este texto, que trabajan todo el día y crían a sus hijos al mismo tiempo. Porque hay que levantarse a las 6 para llevarlos al colegio y acostarse a las 23 para poder cerrar el informe que debemos presentar en la oficina. Buscar ese equilibrio que para los hombres parece resultar tan fácil y a nosotras se nos hace tan complejo. ¿Cuánto me pierdo de la primera sonrisa de mi hijo por estar reunida con un cliente? ¿Cuántas veces le da de comer la niñera? ¿Y si empieza a caminar cuando yo estoy en la oficina?

Ustedes saben que para ganar independencia, para enviarlos a un buen colegio, para no sentir que nos tapa la rutina familiar, puede ser necesario salir a las calles y no abandonar nuestras carreras profesionales. O simplemente hay que salir porque no queda opción. Porque el pan hay que pagarlo de a dos. O porque en casa la mujer es la única que lo paga: por eso también admiro tanto a todas esas madres solteras (o separadas de hombres que no se hacen cargo) que hacen todo solas.

No hay flores este 8 de marzo. Que no se atrevan a regalarnos chocolates. Recordemos todo lo que somos, por todo lo que luchamos cada día. Somos fuertes, somos valiosas, somos admirables. Feliz día a todas las mujeres que nos inspiran.

Foto: Getty

Artículo publicado hace 3 semanas
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Mariana Rolandi Perandones