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La evolución del regalo para el Día de la Madre

A woman and young girl standing in modern looking kitchen and preparing coffee with coffee machine. There are also toaster, utensils and similar items around.

Gracias a Ribeiro por patrocinar este artículo.

Las mujeres, muchas veces, nos condenamos a nuestros propios juicios. Eso pensaba mientras miraba con cariño una tostadora y no me animaba a reconocerme a mí misma que la quería. Y que la quería ya; por ejemplo, para el Día de la Madre.

Mi deseo parecía un insulto a tantos años de lucha femenina para ganar espacios, derechos y regalos. Sobre estos últimos hemos dictaminado: que no sean para trabajar, que no sean para la cocina, que no sean para toda la familia, y un montón de preceptos más.

Por suerte, desde las publicidades de la licuadora soñada hasta hoy, muchas cosas cambiaron. La cocina, por ejemplo, se convirtió en una zona compartida. Hay electrodomésticos que “son” de mi marido y el taladro eléctrico, sin ir más lejos, es mío.

Claro que hemos hablado en varias oportunidades sobre el complejo proceso de elegir el regalo del día de la madre. Para empezar, debe ser el único obsequio que no compra la mamá, entonces, la especialista de la casa queda fuera de juego. Vale dejar señales, como por ejemplo, la foto de la tostadora pegada en la heladera. Pero también vale dejarse sorprender.

En un regalo confluyen muchas cosas: Lo que se pudo, lo que se esperaba, lo que se buscó y mil situaciones particulares de todas las partes que intervienen. Lo que claramente se ve, y nada tiene que ver con el dinero, es si existió esa voluntad clara de homenajear, de sorprender, de decirle con un paquete, a ese otro, que se lo quiere tanto como para pensar en él y dedicarle tiempo a la elección. Esa elección tiene además dos caminos a seguir: o intentar descubrir qué es lo que esa madre quiere (las madres tenemos madre, no crean que no conocemos el dilema) o intentar sorprenderla.

¡Sorpresa!

Repito, me encantan las sorpresas. Las disfruto. Y me gusta mucho la cara de mi familia esperando que abra el paquete. Creo que es mi momento favorito.

Pero no me molestaría que este año sea la tostadora. La tostadora es roja. Y tiene un diseño vintage. Y queda bien con mi cocina y con mis mañanas. Además, la pulsera hecha con fideos en el colegio, las cartas llenas de corazones y el desayuno amorosamente chorreado en mi cama combinan, y de hecho le dan sentido, a cualquier regalo.

Claro que cuando digo tostadora (esa es mía) me refiero a cualquier electrodoméstico, que les cuento, van desde la tan denostada licuadora hasta un smartphone de última generación. Padres, esposos, hijos, les dejo una perlita: Piquen en este link de Ribeiro y buceen entre los descuentos especiales del día de la madre hasta dar con eso que está buenísimo para regalar en nuestro día.

Soy mamá y creo que un regalo debería ser algo pensado para hacerme feliz. No algo que sólo necesite. No algo que sólo cueste mucho. No algo que esté de moda. No algo que otros quieran que yo tenga. Algo que haya sido pensado por gente que me ama, para mí ese es el mejor regalo. Incluso si es una tostadora.

Que sean felices las madres en su día, que se sientan queridas y pensadas, que las abracen mucho. Y que los regalos tengan sentido (y ticket de cambio…).

El resto lo vamos viendo.

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Artículo publicado hace 12 meses
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Beta Suarez