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10 ventajas de ser una mamá muy joven

No hay una edad universalmente ideal para tener un bebé, pero muchas mujeres asegurarían – sin dudar – que los veintitantos no lo son.

Si descubriste que estabas embarazada a esa edad, seguramente pensaste que todo se ponía en riesgo: desde tu situación económica hasta la estabilidad de tu pareja. Incertidumbre, miedo, impotencia… Esos son sólo algunos de los sentimientos que puedes haber transitado. ¿Y contaste cuántas voces “expertas” te aseguraron de que habías cometido un grave error, que debías haber esperado a ser un poco mayor?

Quizás lo único que te mantuvo entera en aquel momento fue el hecho de que tu hijo crecía dentro de ti, y ese amor hacía que todo valiera la pena.

Y hoy, mirando hacia atrás, tal vez estás convencida de que todo ocurrió en el momento adecuado. ¡Aprendiste tanto sobre ti y sobre la vida! Y, seguramente, te convenciste de que convertirte en mamá a cualquier edad tiene sus costados positivos.

Estas son diez maravillosas ventajas de ser una madre muy joven.

No hay un gran estilo de vida por resignar. Si te conviertes en mamá a los veintitantos, todavía no has tenido tiempo de disfrutar de un ingreso abultado, grandes viajes o tiempo para ti. Seguramente te has graduado recientemente de la universidad o tienes un trabajo de bajo sueldo. Por lo tanto, no hubo tiempo aún de llevar un estilo de vida que cueste resignar por la llegada del bebé. Todo eso llegará más adelante.

La fertilidad. Con la postergación de la maternidad, la problemática de la infertilidad ha cobrado gran relevancia en los últimos años. Cuando eres madre muy joven, no hay un reloj biológico haciendo “tic tac” en tu oído. No sólo puedes tomarte tu tiempo para planificar la búsqueda de tu segundo hijo, sino que además no tienes que preocuparte por todos los riesgos que conlleva un embarazo a edad avanzada. Siempre podemos ganar más dinero, comenzar una nueva carrera o perseguir otros objetivos, pero no podemos revertir mágicamente nuestra fertilidad.

Menos presión. Mientras tus amigas sueñan con formar una familia, tú ya la has formado hace tiempo y no sientes esa presión.

El nido queda vacío y todavía eres joven. Cuando tu hijo se vaya de tu casa, todavía serás muy joven y tendrás muchas vacaciones exóticas por delante. ¡Y ni hablar de todas esas mañanas de sábado de puro relax!

Abuelos y nietos. Tu hijo disfruta de abuelos jóvenes y llenos de energía, y seguramente tú podrás disfrutar de tus nietos de la misma manera.

El cuerpo. A los veintitantos, nuestro cuerpo se encuentra en su mejor momento físico y biológico. Eso no sólo hace que el embarazo y el parto fluyan fácilmente, sino que a su vez garantiza una posterior recuperación rápida y óptima.

Tener un propósito. Muchos dicen que los veintitantos son años para afianzar tu identidad y decidir qué quieres hacer en la vida, pero cuando la maternidad llega en este momento, por sí sola te da un propósito. Nada nos enseña más sobre nosotros mismos que un hijo.

La carrera profesional. La opinión generalizada es que un embarazo a temprana edad atenta contra el desarrollo profesional. Hoy en día, sin embargo, muchos expertos coinciden en que no hay fórmulas – ni caminos preestablecidos – para alcanzar el éxito laboral. En tiempos de start-ups y rupturas con modelos tradicionales, todo vale.

Más energía. Bailar, saltar, correr… cuando eres madre muy joven, tienes toda la energía que necesitas para estar a la altura de la de tu pequeño.

Más tiempo. Ser madre a los 22, en vez de a los 32, te regala una década entera de maternidad: más años de aprendizajes, más años de compañía, más años de amor. Y no hay duda de que, hacia el final de tu vida, no desearás haber viajado más o tenido más dinero. Lo que más atesorarás es todo ese tiempo extra que compartiste con tu hijo.

Artículo original: https://www.disneybaby.com/blog/10-reasons-i-love-being-a-young-mom/

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Artículo publicado hace 3 meses
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